lunes, 4 de abril de 2011

Historia de las Doctrinas Económicas -Autor: Eric Roll - Resumen Capitulo 3


III. LOS FUNDADORES DE LA ECONOMÍA:

1. Los filósofos políticos: En siglo XVIII se aceleró notablemente el desarrollo del capitalismo industrial moderno. Su teoría, contenida en las obras de los economistas clásicos, llegó a su madurez en el período de cuarenta años que van de La riqueza de las naciones de Smith a los Principios de Ricardo; pero sus raíces se remontan a casi dos siglos antes. Cuando menos tres corrientes de pensamiento acompañan a la transición del capitalismo comercial al industrial y, juntamente con ese desarrollo económico, contribuyeron a moldear la teoría clásica. La primera es filosófica: el desarrollo del pensamiento político desde su origen canónico hasta el radicalismo filosófico. Hemos visto ya los comienzos de la segunda: es el progreso del pensamiento económico inglés a partir de los últimos mercantilistas. El tercer pilar de la economía política es de origen francés: el sistema fisiocrático que desarrollaron un conjunto de pensadores de la Francia del siglo XVIII. La liberación del pensamiento de la dominación de la Iglesia condujo al desarrollo del mercantilismo, aunque a lo último se volvió contra la teoría y la práctica mercantilistas. La actividad económica se realizaba cada vez menos de acuerdo con las leyes teológicas de lo que “debiera ser”. Algunos de los pensadores a quienes se debió dicha emancipación se interesaron también en materias económicas. Bodinno, por ejemplo, a quien ya hemos conocido como economista preclaro, fue uno de los fundaron “la investigación del problema social en la relación del hombre con el hombre y ya no en la relación del hombre con Dios. Pero el principal efecto de los métodos nuevos recayó sobre la teoría del estado. En esta dirección fue Maquiavelo quien ejerció la mayor influencia. Fue el genio de Maquiavelo el que hizo de la situación política de su tiempo el punto de partida de un método nuevo para estudiar las cuestiones sociales políticas.  Maquiavelo fue culpable de muchos errores. No tenía idea de las fuerzas complejas que modelan la historia; el desarrollo social era, para él, obra exclusiva de los grandes hombres. No pudo prever el nacimiento de una nueva disciplina ética, no teológica que iba a seguir ejerciendo alguna influencia sobre el pensamiento económico. La visión de Bodino fue aún más amplia quizá. Le impresionó también el problema de la autoridad que suscitaron la decadencia del poder de la Iglesia, las guerras religiosas y la lucha de las unidades civiles en conflicto. (90)
Deseaba el estado soberano moderno, que iba a ser fuente de todo derecho y de todo orden. La importancia que concedía al derecho de propiedad privada, así como su creencia en la utilidad de la libertad de comercio revelan que percibía una antítesis posible entre el estado y la sociedad y que buscaba una teoría que concediese lugar al consentimiento de los súbditos a los actos de autoridad. Fue, pues, un precursor del liberalismo en un sentido mucho más directo que los filósofos ius naturalistas del siglo XVII. Las fuerzas que dieron preponderancia al comercio estaban liberando a la mente de los hombres de las trabas de las creencias consagradas y abriendo una nueva época de especulación y experimentación. Los nuevos modos de vida presentaban problemas nuevos en casi todas las ramas de la ciencia, y los científicos empezaron a darles solución. Se lograron progresos asombrosos en astronomía, matemáticas, física y óptica así como en ciencias biológicas y medicina. (91)
Bacón, Sentó los cimientos filosóficos de la ciencia experimental, y aplicó al estudio del hombre y de sus sociedades el método de investigación racional de las ciencias naturales. Quizá sus colegios al monarca se inspiraban en el deseo de medro personal, mas no por eso dejaban de ser el reflejo sincero de su creencia fundamental en la autoridad secular. Pensaba que la monarquía era una institución natural, y que obedecerla constituía un deber natural. Se atribuía al soberano absoluto el papel de juez supremo, que no se detenía ante prejuicios ni leyes y estaba por encima de las facciones sociales en pugna. En el siglo XVII en Tomás Hobbes, compañero de Bacon. Hobbes abandonó el concepto del derecho divino de los reyes, pero dio interpretación nueva y más poderosa a las ideas baconianas sobre el principio de la soberanía del estado. Confería gran importancia a la coerción como elemento esencial de la organización del estado: una vez formado el estado, contenía una soberanía absoluta a la cual se le debía obediencia absoluta. Más no obstante, los reyes no poseían su poder, por absoluto que fuere, en virtud de un derecho divino. Dios era el juez supremo de sus actos, pero el poder de ellos en la tierra venía de la naturaleza misma de su cargo. (92)
La creencia de Hobbes en un poder por encima de los intereses antagónicos de las clases sociales fue al mismo tiempo su debilidad y su fuerza. Era una teoría limitada por su propia experiencia inmediata, y no tardó mucho en recibir un nuevo giro que modificó por completo su significación. Pero fue muy grande la importancia de Hobbes en el desarrollo de la nueva sociedad y en sus ideas. Su base era individualista. El contrato por el cual los individuos se habían sometido a la terrible garra del estado soberano, el Leviatán se basaba en ese mismo egoísmo. El estado absolutista era un medio para obtener un bien más grande que el que podía procurar la vida del hombre primitivo solitario, pobre indecente, bruto limitado. John Locke sintetizó y llevó más lejos todos los elementos del pensamiento anterior con que podía formarse una filosofía política adecuada a la época en que el capitalismo estaba ya seguro de la victoria. (93)
La idea de que el egoísmo es la fuerza motriz de la conducta humana es inherente a toda la filosofía política de Locke; más para él, no era la Iglesia medieval, ni el rey por derecho divino de Bacon, ni el Leviatán sobrehumano de Hobbes, lo que formaría un cuerpo ordenado de los átomos individuales. La asociación voluntaria y regular de los comerciantes en las empresas comerciales que había visto en las compañías reglamentadas le pareció la forma natural de organización para fines de gobierno.
2. El desarrollo del capitalismo industrial: La aparición de la filosofía de Locke a fines del siglo XVII revela que el nuevo estado empezaba a ser visto como lo que realmente era: la criatura del poder económico, no menos que su amo. (94)
El mercantilismo reapareció con adiciones y distorsiones en países económicamente atrasados, como Alemania, cuando en Inglaterra y Francia ya era cosa del pasado. Pero el progreso del individualismo ilimitado no fue uniforme ni aun en los países que se pusieron a la vanguardia en la transición a la industria moderna. A mediados del siglo XVII fueron abolidas en Inglaterra muchas de las reglamentaciones que restringían la industria nacional. Las leyes que reglamentaban el aprendizaje y las condiciones de la producción en muchas industrias acabaron por ser inoperantes al ampliarse la producción y desarrollarse el sistema fabril. Los pequeños gremios urbanos locales de pequeños maestros artesanos, por otra parte, iban perdiendo importancia debido a la competencia de la industria doméstica controlaba por los Verleger. Por consiguiente, la reglamentación local se iba debilitando continuamente, siempre a favor de la reglamentación nacional. Una vez que los intereses económicos fueron bastante fuertes, se concertaron tratados conducentes a ampliar el comercio entre los países interesados. La libertad de comercio sufrió muchos reveses, pero durante el siglo XVIII, en general, hizo progresos indudables. (95)
A fines del siglo XVII, las compañías reglamentadas estaban dejando de ser la forma dominante de organización del comercio internacional. En el último cuarto de ese siglo empezó a perder sus privilegios en el comercio del Báltico, la Compañía de la tierra de oriente. Los comerciantes aventureros fueron despojados del monopolio sobre el comercio de paños dentro de su zona en 1689, y la mayor parte de las compañías comerciales compartieron el mismo destino aproximadamente por el mismo tiempo. Así pues, la decadencia de la intervención del estado fue simultánea con la desaprobación del monopolio y el aumento de la competencia. La causa que produjo ambas tendencias y que, a su vez, fue poderosamente reforzada por ellas, fue el desarrollo de la producción industrial. Los cambios operados en la que se llamó Revolución Industrial fueron de carácter tan espectacular que eclipsaron los progresos industriales no menos importantes del siglo XVII y principios del XVIII. Los descubrimientos científicos del siglo XVII, aliados del capitalismo comercial, no podían desenvolverse sin que se generalizara la investigación científica en un sentido más amplio. Está sobrepasó en un lapso de cien años sus estrechos límites utilitarios, aunque siguió siendo esencialmente práctica. Gran número de mejorar de los métodos manufactureros precedieron al torrente de la Revolución Industrial. En la extracción de minerales y la refinación de metales, en la producción de tejidos y la construcción de barcos, se introdujeron métodos nuevos y cada vez más utilizada la fuerza del viento y del agua, en sustitución de la energía humana y animal. En una época de privilegios comerciales, los intereses dominantes eran suficientemente fuertes para oponerse a la introducción de procedimientos nuevos que amenazaran sus monopolios. Por otra parte, las mejores técnicas tenían que esperar por un mercado más extenso para ser lucrativas. Ese mercado más extenso lo produjo el capitalismo comercial mismo. En el siglo XVIII, la expansión comercial socavó las restricciones a la competencia entonces existentes y al mismo tiempo estimuló la invención. El comerciante creó al industrial. Muchas veces se hacia fabricante él mismo, y su ejemplo estimuló el reclutamiento de los homines novi del capitalismo, sacándolos de la agricultura y de la industria doméstica. Ya a principios del siglo XVIII estaba cambiando la organización de la producción y, en general, se reconoce que el sistema del putting-out iba en aquel tiempo cediendo el lugar a la producción concentrada del sistema fabril. La forma de producción de la época mercantil, pudo sobrevivir durante mucho tiempo en algunas regiones países o ramas de la industria; pero ya no era la forma típica, la tendencia iba definitivamente hacia la producción fabril. Para que el capital comercial se convirtiese en capital industrial, era esencial que encontrase mano de obra, tierra y materias primas como mercancías adquiribles. Las dos últimas cosas se encontraban en el mercado mucho antes del siglo XVIII. En lo que respecta a la mano de obra, el cambio fue más lento y en este punto es donde el siglo XVIII realizó la más importante de las transformaciones sociales que necesitaba el capitalismo. La cantidad de capital que requería la iniciativa industrial aumentaba con la creciente complejidad de los procedimientos manufactureros. Durante algún tiempo siguieron trabajando aún en sus propios talleres domésticos, pero sin embargo, no tardó la fábrica en absorberlos. Allí se les unían a otro, reclutados entre la población rural despojada por los sucesivos movimientos de cercamiento, que en el siglo XVIII recibieron la sanción parlamentaria. Todo este proceso no sólo creó industriales y asalariados, sino que proporcionó también mercado a la industria capitalista. La destrucción de los talleres domésticos tanto en la poblaciones como en el campo y la comercialización de la agricultura crearon la demanda que absorbió los productos de la industria fabril. Los mercantilistas, si es que tuvieron alguna teoría de los salarios, creían en una economía de salarios bajos y estrictamente reglamentos. Esto era apropiado para comerciantes dedicados a exportar a mercados donde tenían que luchar con la competencia extranjera. La oferta y la demanda empezaron a ser los determinantes directos de la relación entre capital y trabajo. El proceso fue más rápido en lo que respecta la movilidad. (99)
Las negociaciones entre capitalista y trabajador tendían a convertirse en el método común de ajustar los contratos de trabajo. Esto era consecuencia, de un doble proceso; por una parte, la concentración del capital en manos del industrial, que poseía los complicados instrumentos de producción que ahora se necesitaban y, por la otra, la pérdida de independencia que sufrieron los trabajadores urbanos y rurales al entrar en el nuevo sistema de producción, junto con su emancipación de los lazos que los unían a los sindicatos y los terratenientes. El obrero tenía ahora libertad de contratación: pero también se veía forzado por la complejidad creciente de la producción a vender su trabajo en el mercado para ganarse la vida. Paralelamente con este mercado libre empezaron a producirse los problemas típicos modernos de trabajo. Ya en la segunda mitad del siglo XVII hubo ejemplos de trabajadores que se organizaban para mejorar su situación. Se convirtieron en asociaciones cuya tarea principal era luchar contra los patronos para mejorar los salarios y las condiciones del trabajo (100)
3. William Petty: No tardo el pensamiento económico en comenzar a responder a todos esos cambios, aunque tardó cien años en darse cuenta plenamente de la revolución que estaba presenciando. En los intereses de los pensadores tuvo lugar un cambio correspondiente al operado en las características del capitalismo. La atención se desvió del comercio a la producción, y de la relación entre comerciantes y financiero a la de capital y trabajo. En este cambio de métodos y contenido del pensamiento económico tuvo la mayor importancia la aparición de un nuevo problema de precio y valor. A pesar de todas sus oscuridades y sus diferencias individuales, en la teoría mercantilista del problema del precio está subyacente un punto de vista común. Ese puno de vista era el del comerciante. ¿Cuál es el mejor medio para enriquecer la país?. Puesto que riqueza es lo mismo que capital comercial. La respuesta es hacer ventas productivas. La ganancia sólo puede nacer por enajenación, es decir, por el acto de cambiar, cuando el vendedor vende más caro de que lo compró. Con el desarrollo de la industria, la producción, en vez del cambio, se convirtió en el punto interesante para los economistas. El proceso de la producción, que en su nueva forma implicaba una relación social diferente, se consideró como el meollo de la actividad económica. (101)
 Con algunas diferencias pequeñas pero interesantes, el problema del valor constituyo el meollo del análisis en Inglaterra. Italia y Francia, y los pensadores de los tres países dieron soluciones en términos análogos. El primero y mas importante de los economistas ingleses que prepararon el terreno para el sistema clásico, es Sir William Petty, a quien se ha llamado con justicia el fundador de la economía política. (102)
Petty se adhirió de verdad a este manifiesto de empirismo, y su derecho a la fama se reputa generalmente que descansa en la parte que tuvo en la fundación de la ciencia de la estadística. No puede haber duda en que Petty es considerado justamente como el primero en desarrollar esa disciplina hermana de la economía política. El editor moderno de Petty ha insinuado que los puntos de vista con que éste se acerca a los problemas económicos (finanzas públicas y moneda) lo distinguen claramente de las preocupaciones de los economistas clásicos y modernos. (103)
Su interés por la finanzas del estado está condicionado por el hecho de que habían desaparecido los métodos feudales de recaudar los impuestos y habían sido reemplazados por un sistema de tributación nacional. Para todo aquel no relacionado con el comercio exterior y que deseara dilucidar los principios de la actividad económica, no había en aquel tiempo camino más obvio para acercarse a los problemas de ese orden que el de los métodos de recaudar y gastar las rentas del estado. Esta de acuerdo con Mun en considerar inevitables los impuestos, pero considera que los principios no deben ser manirrotos. Petty pedía economía en el funcionamiento de los principales servicios del Estado: defensa nacional, administración pública, justicia y pastoreo de las almas de los hombres. Condenaba las guerras dispendiosas y el sostenimiento de supernumerarios, aunque se inclinaba a apoyar el gasto de dinero público en proporcionar ocupación a los que de otro modo carecerían de ella. En toda su obra muestra un franco reconocimiento del egoísmo individual y una alta consideración por la propiedad como determinantes de la posición social. El estado existe para proteger la propiedad individual, y el individuo debe estar dispuesto a contribuir a los gastos del estado. (104)
Los impuestos deberían idearse de tal manera que no alteraran la distribución relativa, ya que, “por muy elevado que sea el impuesto, si es proporcional para todos, entonces nadie sufre pérdida de riqueza por su causa”. La necesidad de estadísticas es manifiesta. Petty emprende el examen de los diferentes modos en que pueden recaudarse los impuestos. Es mejor recaudar un impuesto sobre el conjunto del ingreso gravable, lo que daría al rey “mayor seguridad y más causantes”. (105)
 La teoría del valor de Petty se encuentra en una breve digresión sobre la renta de la tierra, que sigue a su teoría del impuesto sobre la misma, en un estudio del precio real y del precio político de las mercancías. Para comprender esta teoría es importante tener en cuenta la importancia que Petty concede a la mano de obra como fuente de la riqueza. El trabajo -dice- es el Padre y el principio activo de la Riqueza, y las Tierras son la Madre”. Petty se dio también cuenta de que la forma típica en que aparecía el trabajo en la nueva estructura social era la de trabajo dividido. No es de extrañar que esta opinión sobre la mano de obra haya determinado el análisis que Petty hace del valor y del precio, al cual es conducido por la cuestión de cuál sea “la misteriosa naturaleza” de las rentas. Su respuesta es que la renta verdadera y natural de un trozo de tierra en cualquier año determinado es igual al producto de la cosecha menos el costo de la semilla y de todo aquellos que “el productor mismo ha consumido y entregado a otros a cambio de ropas y otos artículos de primera necesidad”.
Subsisten muchas diferencias individuales, que Petty examina más adelante, al distinguir entre precio natural o, como también lo llama, “verdadero precio corriente”, y precio político. La “carestía y la baratura naturales dependen de las pocas o muchas manos requeridas para los bienes de la naturaleza... Pero la baratura política depende del número de intermediarios supernumerarios que hay en el comercio por encima de los necesarios”. Otros factores que pueden influir en la oferta y la demanda y, por lo tanto, en el precio político, son las costumbres y el modo de vivir; y como “todas las mercaderías tienen sus sustitutos o sucedáneos, y casi todas las necesidades pueden satisfacerse de diversos modos”, debe considerarse que estos factores aumentan o disminuyen el precio de las cosas. (107)
No obstante todos estos factores accidentales, el trabajo sigue siendo la fuente y la medida verdadera del valor. La afirmación que hace Petty de que una “ley que fije esos salarios otorgaría al trabajador únicamente lo necesario para subsistir, porque si le dais el doble no trabajará sino la mitad de lo que podría y haría, lo cual es una pérdida para el público del fruto de ese trabajo”. En el poder del trabajo para crear una plusvalía o valor excedente por encima de su subsistencia, demostró esas dos categorías sólo en el caso de la producción de la tierra. La renta era el único excedente que conocía, y éste encerraba en sí todo el concepto de utilidad o ganancia. Petty también conocía la existencia de un elemento diferencial en la renta. La gran necesidad de dinero aumenta el intercambio, la gran necesidad de trigo aumenta el precio de éste igualmente y, en consecuencia, el de la renta de la tierra que lo produce y por último, el de la tierra misma, (108)
Petty dice muy claramente que la renta era determinada por el precio, y no viceversa, no sólo está esto dicho explícitamente en el examen de la renta diferencial que hemos citado, sino que está implícito en su estudio del origen de la renta como tal, que, como hemos visto, lo condujo a la teoría del valor trabajo. Otra conclusión que Petty quiere sacar se refiere al valor de la tierra. El motivo por el cual este problema atrajo la atención de Petty es interesante y muestra el error en que cayó, a pesar de su genio. Aunque da pruebas sobradas de que cree fundamentalmente en una teoría del valor como producto del trabajo, parece inseguro, no obstante, acerca del papel que representa la tierra en la creación de valor. “Todas las cosas deberían ser valorizadas por dos denominaciones naturales, que son la tierra y el trabajo. Siendo así, debiéramos alegrarnos de encontrar una equivalencia natural entre tierra y trabajo, de suerte que podemos expresar el valor por uno u otro de ellos tan bien o mejor que por ambos y reducir el uno al otro con la misma facilidad y exactitud con que reducimos peniques a libras”. (109)
Como la teoría del excedente, de Petty es exclusivamente una teoría de la renta, no tiene otra tasa de rendimiento a que acudir que le ayude en la capitalización de la tasa de rendimiento de la tierra. Pero encuentra una salida ingeniosa. La gente, piensa Petty, pagará por la tierra un precio en consonancia con el rendimiento que obtenga de ella y el número de años que espere gozar de ese rendimiento esa persona o sus inmediatos descendientes.  Petty no presupone una tasa de interés que deberá usarse en la capitalización de la tierra, sino que deriva sus conclusiones relativas al interés de su teoría de la renta. La opinión general de Petty sobre la usura es sencilla: condena el cobro de intereses si el prestamista puede reclamar en cualquier momento al prestatario el pago de la deuda; pero si el prestatario tiene el disfrute del dinero prestado por un periodo de tiempo determinado, el prestamista puede justificadamente exigirle intereses. El tipo del interés, dice, anticipándose en esto a los fisiócratas, está determinado por la renta de la tierra. (110)
En cuanto a la divisas Petty consideró a la usura análoga a las transacciones cambiarias; pero consideraba que la medida natural de cambio estaba establecida por el costo de trasladar el dinero en metálico de un lugar a otro. Rechazó todas las medidas legislativas encaminadas a fijar las tasas de cambio, y fue también un adversario decidido de las prohibiciones de exportar metales preciosos. Sus opiniones sobre el comercio exterior en general aparecen aun influidas por nociones mercantilistas. Parece haber creído con la misma firmeza que Mun que “el excedente de los artículos exportados sobre lo que se importa, trae al país dinero, etc”, y su fe mercantilista en el valor de las exportaciones se pone claramente de manifiesto cuando dice que “Irlanda exportando más de lo que importa, va empobreciéndose”, paradójicamente Sus opiniones sobre el dinero fueron también mercantilistas, por lo menos en sus primeros escritos, concedía gran importancia al tesoro, como la forma más deseable de la riqueza, y aun en sus análisis del valor se interesó principalmente por la forma monetaria en que éste aparecía. Debido especialmente a su labor estadística pudo Petty escapar, más que cualquier otro autor de aquel tiempo, a la confusión común entre dinero y capital. Aunque todavía consideraba el dinero como un medio muy importante para activar el comercio, expresó a menudo la opinión de que un país podía tener demasiado o demasiado poco dinero. Pensaba que el dinero y el comercio exterior eran importantes porque ayudaban a un país a desarrollar y perfeccionar su industria. Al mismo tiempo, el país debería esforzarse, por medio de una política adecuada, en mejorar la eficacia de la producción de las mercancías necesarias para el comercio. Petty fue aún más lejos en su Quantulumcumque, sugirió que el dinero era necesario únicamente como una ayuda para el comercio y la industria, y presentó un cálculo de la cantidad de dinero necesaria en el que el concepto de velocidad de circulación también iba implicado. Repitió sus objeciones a la prohibición de exportar metales preciosos y a las reglamentaciones legales que limitaban los tipos de interés y de cambio. (112)
Si un país tenía demasiado dinero, debía fundirlo, exportarlo como una mercancía a donde hubiera una demanda por ella, o prestarlo a donde el interés fuera elevado. Si tenía demasiado poco dinero, debería establecerse “un banco, que bien dirigido, casi duplicaría los efectos de nuestro dinero acuñado”. Petty parece haber asimilado las ideas más refinadas de sus predecesores sobre los efectos de la adulteración de la moneda y el lugar de los metales preciosos en el comercio exterior.
En un razonamiento que recuerda a Mun, Petty demostró que los comerciantes seguirían llevando al extranjero mercancías o metálico con qué comprar productos extranjeros de acuerdo con sus precios relativos. Según él, la reducción de la ley contenida en una moneda de plata, no puede dejar de disminuir la cantidad de bienes que la gente estaría dispuesta a dar a cambio de ella, excepto entre “esos tontos que toman almoneda por su nombre, y no por su peso y finura”, No por tener mayor cantidad de chelines acuñados con la misma cantidad de plata, es uno más rico. Esto se demostraba con mayor claridad en el caso de artículos hechos con el metal con que se fabrica la moneda. (113)  
4. Locke; North; Law; Hume: En la primera mitad del siglo XVIII, el pensamiento económico se desarrollo rápidamente en Inglaterra, y un gran número de escritores cuyas aportaciones son de interés. Entre todos esos escritores, escogeremos sólo unos cuantos para estudiarlos con brevedad. Elegimos a John Locke y a sir Dudley North como continuadores inmediatos de Petty; sir Dudley North fue también en su tiempo el defensor más importante de la libertad de comercio. Merecen ser mencionadas las teorías monetarias de John Law, económicas de David Hume, cuyo mérito se ha exagerado algunas veces, son importantes como síntesis del pensamiento económico anterior a Adam Smith. A Locke y a North se les estudia mejor juntos, tanto en sus relaciones con el pensamiento mercantilista como con las teorías de Petty. En lo que respecta al comercio exterior, sus opiniones difieren considerablemente. Locke estaba muy influido por las nociones mercantilistas, y todavía en que un país se enriquece si exporta más de lo que importa. Por otra parte, North, fue quien por primera vez expreso la opinión de que la totalidad del mundo formaba una unidad económica semejante a una sola nación. Consideraba provechosa todas las industrias, porque nadie persistía en una ocupación improductiva; e identificaba el bien público con el privado de una manera que hubiera convenido muy bien a un escritor utilitarista del siglo XIX. Su enérgico folleto no fue bien recibido, cosa natural en una época en que eran aún la regla las restricciones al comercio exterior. Tanto Locke como North desarrollaron algunos de los puntos de la teoría de Petty sobre la renta, el interés y el dinero. Compartieron sus ideas sobre el envilecimiento de la moneda, y Locke especialmente hizo un estudio muy bueno del efecto del envilecimiento sobre los precios en su obra. Algunas consideraciones sobre las consecuencias de la baja del interés y aumento del valor del dinero. Locke aún consideraba la renta como el único excedente, e investigó cómo el dinero, que por naturaleza es estéril, podía tener el mismo carácter productivo que la tierra, la cual si producía algo útil. North llegó más lejos. Parece que fue el primero que tuvo una idea clara del capital, al que llamaba acervo (stock). Para él, el préstamo de “acervos” (stock-in-trade) que hacían quienes carecían de habilidad para usarlo o querían librarse de la molestia de hacerlo, era equivalente al arriendo de tierra. El interés que percibían los prestamistas era una renta del dinero análoga a la renta de la tierra. Los terratenientes y los “capitalistas” (stock-lords) eran iguales. (115)
Los únicos que podían aumentar su riqueza eran aquellos que constantemente obtenían un provecho de sus bienes, ya sea prestándolos o utilizándolos en el comercio. A nadie le interesaba conservar su dinero; todos querían disponer de él de manera que les rindiese una ganancia. Las opiniones de Locke sobre el valor no son fáciles de descubrir, pues se ocupa pocas veces de este asunto y no se encuentran en el mismo lugar que sus principales estudios económicos. En un estudio que trata principalmente de la propiedad afirmó que la tierra pertenecía a todos los hombres en común. Sin embargo, la propiedad privada se justifica en la medida en que el ser humano ha unido su propio trabajo a los dones de la naturaleza. El trabajo era la principal fuente de valor. Casi todo el valor de los productos de la tierra se debía al trabajador; el resto era un don de la naturaleza. Sin embargo, en ninguna de esas exposiciones llega Locke a la conclusión de Petty de que el trabajo es también la medida del valor. Parece haberse limitado al valor de uso y haberse esforzado en demostrar la importancia del trabajo en su producción. Conscientemente o no, soslayó el problema del origen del valor de cambio, e hizo un análisis que ha sido considerado como una teoría del precio basado en la oferta y la demanda. Dicho análisis se encuentra en su consecuencia, pero empieza con una exposición sobre el dinero en su Gobierno. Para Locke, el dinero poseía un valor puramente imaginario creado por el consenso común. (116)
En su consecuencia, Locke atribuyo al dinero un “doble valor”. Uno nacía de la facultad del dinero para producir un ingreso anual (análogo a la renta); el otro es el mismo que el de los demás “artículos necesarios o útiles para la vida” que el dinero puede procurar mediante el cambio. Locke incurre así en el error mercantilista de identificar dinero y capital, error que North había evitado. Contra la dominante opinión mercantilista de que un tipo bajo de interés aumentaría los precios, Locke sostenía que los precios estaban determinados por la cantidad de dinero en circulación. Esta opinión se basaba en una teoría de los precios como consecuencia de la oferta y la demanda. La cantidad disponible y la cantidad vendida y el número de compradores y de vendedores decidían el precio en el mercado. En el caso del dinero, la venta era siempre segura; por lo tanto, “su sola cantidad es suficiente para regular y determinar su valor, sin necesidad de tomar en consideración ninguna proporción entre su cantidad y su venta, como en el caso de las demás mercancías”. (117)
Al igual que Petty, llego al convencimiento de que cualquier cantidad de dinero bastaba para que un país pudiera realizar su comercio; pero hizo aún más hincapié que Petty en que era deseable que Inglaterra tuviera más dinero que sus rivales comerciales. Su solución fue ingeniosa. Puesto que los países comerciaban entre sí –decía-, las cantidades de dinero que necesitaban ya no son cosa indiferente. Los precios de todas las mercancías expresados en metales preciosos deben ser los mismos en todos los países. Pero esas extravagancias mercantilistas no tienen importancia comparadas con el uso principal que Locke hizo de la teoría cuantitativa del dinero, en el problema del interés, su posición era clara y consideró el interés como consecuencia, y no causa, de la cantidad de dinero que buscaba aplicación. North expresó esta opinión aún con más claridad. El tipo de interés –decía-, caería si hubiera más prestamistas que prestatarios. Cualquiera que fuese la cantidad de dinero traído del exterior o extraído de las minas del país, todo lo que excediera de las necesidades del comercio no era sino una mercancía más que debía ser tratada como tal. Está opinión muestra de nuevo hasta que punto se había librado North de la superstición mercantilista. La importancia de Locke y de North estriba en el significado social y político de su actitud ante la renta y el interés. (118)
De los otros escritores, John Law es más famoso como hombre de negocios que como economista. Law compartía fuerza activa y que era necesaria una buena cantidad de él a fin de crear fuentes de trabajo. Su aportación principal al pensamiento mercantilista fue combatir la confianza en el excedente de las exportaciones creada mediante prohibiciones de las importaciones para obtener una buena cantidad de dinero. Como buen mercantilista, deseaba que el estado tuviera un acervo de tesoro, y esperaba que sus billetes ocuparan el lugar del dinero en metálico en las transacciones del público y que, así, el metálico se acumulara en la tesorería del estado. La inflación que produjo su política fue una de las más graves de los tiempos modernos, y causo, junto con la ruina del propio Law, la destrucción de muchas empresas industriales especuladoras. Fue un merito fortuito de Law el haber contribuido a la creación de las condiciones que inspiraron el pensamiento fisiocrático, porque la única clase de propiedad que pareció haber salido indemne de la depresión pos-inflacionaria fue la tierra. (119)
Law, según él, nada tenía un valor si no es por el uso que uno le da. Lo mismo sucedía con la mercancía dinero, aún en relación con sus usos monetarios. El servicio que prestaba como dinero no era diferente de sus otros servicios, ni de los servicios de cualquier otra mercancía. Aunque David Hume es famoso principalmente como filosofo, también es muy conocido por sus estudios de teoría económica. Hume repitió algunas veces los errores mercantilistas que ya habían sido descartados y que, desde luego, no reaparecieron en Adam Smith. Alabó ocasionalmente los usos del dinero para estimular el comercio y subrayo la deseabilidad del tesoro. Pero adoptó y acentúo la opinión de Locke de que el dinero era sólo un símbolo y que no tenía importancia la cantidad de él que poseyera una nación. (120)
La balanza comercial de un país no podía ser permanentemente favorable o desfavorable. A la larga, se establecería una balanza de acuerdo con las condiciones económicas relativas de los países de que se tratase. Por lo tanto, Hume se puso del lado de los librecambistas. Al igual que Locke, consideraba como totalmente ficticio el valor del dinero: representa mercancías, y su valor en el proceso del cambio estaba determinado por la relación entre su cantidad y la cantidad de bienes por los cuales se habría de cambiar. Hume tenía presentes los grandes cambios de los precios causados por el aumento de producción de metales preciosos en las minas recién descubiertas en América del Norte; pero no distinguió entre los cambios en el valor de la mercancía dinero misma y las variaciones en las relaciones del cambio entre el dinero y las mercancías causadas por un aumento en el volumen del dinero en circulación. Su opinión sobre el dinero le llevo a creer que el precio de las mercancías sería siempre proporcional a la cantidad de dinero. Por lo tanto, la cantidad absoluta de este último no importaba. Hume pensaba que los cambios en la cantidad de dinero tenían cierta importancia, ya que podían modificar las costumbres de la gente. (121)
Los aumentos en la cantidad de dinero sólo eran beneficiosos debido a que sus efectos no aparecían hasta algún tiempo después. “La cantidad creciente de oro y plata es favorable a la industria únicamente en el intervalo o situación intermedia entre la adquisición de dinero y el alza de los precios. En su ensayo Of Interest Hume empezó por exponer la doctrina, muy difundida en su tiempo, de que una tasa baja de interés era la señal más segura del estado floreciente del comercio de un país. Pasó a demostrar, como Petty, Locke y North, que una tasa baja de interés no era una causa, sino un efecto y, en consecuencia, se unió a ellos en su oposición a que el estado reglamentase el interés. Pero fue más lejos que Locke al rechazar la opinión de que una tasa baja de interés era consecuencia de la abundancia de dinero, aunque admitía que ambas cosas se presentaban juntas. Entre los factores que determinan la tasa de interés distinguía ante todo, como ya lo había hecho North, la oferta y la demanda de prestatarios y prestamistas. Adoptó la opinión de North de que el capital tenía la cualidad de crear ganancia, y añadió un tercer determinante de la tasa de interés: las utilidades que se obtenían del comercio. Consideraba cosas interdependientes las ganancias y el interés. Aunque repitió que la tierra era la fuente de todas las cosas útiles, Hume mostró poca inclinación por las clases terratenientes. Señaló que los terratenientes que recibían rentas sin ningún esfuerzo de su parte tendían a ser manirrotos, disminuían más que aumentaban la cantidad de capital disponible, y así contribuían a elevar la tasa de interés. Las clases comerciales, en cambio, trabajaban constantemente en beneficio de la nación creando una abundancia de capital y utilidades bajas. El comercio, pues, crea frugalidad, contribuye a la acumulación y aumenta el número de prestamistas. Al mismo tiempo, un comercio muy desarrollado produce competencia: “Deberán surgir rivalidades entre los comerciantes”, y esto disminuye las ganancias y, por consiguiente, el interés”. Hume. Sus opiniones sobre las clases terratenientes y su reconocimiento de que él interés personal y el deseo de acumular son las fuerzas que impulsan la actividad económica, contribuyeron en su tiempo a consolidar las fuerzas que estaban a punto de conquistar la supremacía económica y ya habían alcanzado mucho poder político. (123)
5.Cantillon y Stewart: “Las fuerzas de la oferta y la demanda se mencionan de nuevo en relación con el problema del dinero. Cantillon está de acuerdo con la teoría cuantitativa de Locke, pero la corrige observando que las mercancías destinadas a la exportación deben excluirse cuando se compara la masa de mercancías con el volumen del dinero circulante.”. (126)
“El ultimo de esta serie de precursores inmediatos de Adam Smith fue sir James Stewart. Aunque el escritor más fecundo de todos ellos, añade relativamente poco al cuerpo de la doctrina. En algunos respectos representa la vuelta a los mercantilistas, si bien en otros, sobre todo en la teoría del dinero, supera a Hume. La principal obra se Stewart, su Principles of Political Economy, publicada en 1767, lleva un título que se convirtió en el título típico de todos los tratados extensos, aunque no fue Stewart el primero en usar la expresión “economía política””. (127)
Los residuos mercantilistas en el pensamiento de Stewart se refieren al origen de la utilidad o ganancia, ósea al excedente, Stewart habla todavía de una utilidad que nace del cambio, es decir, cuando una mercancía se vende en más de los que vale; pero fue más lejos y admitió que esa utilidad realmente no creaba nueva riqueza.” (128)
“Stewart también se inclinaba por las opiniones mercantilistas en la teoría monetaria, y sus exposiciones acerca del valor del dinero y la balanza de pagos son con frecuencia oscuras y contradictorias.” (129)
 6.Los Fisiócratas: “En el siglo XVIII se desarrolló en Francia el cuerpo de teoría económica al que se conoce con el nombre de “fisiocracia”. (130)
“Con los fisiócratas entramos en la era de las escuelas y sistemas del pensamiento económico, y no es sorprendente hallar que han sido objeto de numerosísimos estudios.” (130)
Los fisiócratas comparten con los economistas ingleses preclásicos más avanzados, tales como Petty y Cantillon, el mérito de haber descartado definidamente la creencia mercantilista de que la riqueza y su aumento se debía al comercio. Llevaron a la esfera de la producción el poder de creación de la riqueza y del excedente susceptible de acumulación.” (131)
“Los fisiócratas trataron de descubrir la forma concreta del trabajo productivo. No tenían una idea clara de la diferencia entre valor de uso y valor de cambio, y pensaban en el excedente en términos de las diferencias entre los valores de uso que se habían consumido y los que se habían producido.” (131)
“Los fisiócratas se limitaron a la agricultura, y así ignoraron por completo el problema del valor de cambio” (132)
“Al adoptar esta actitud, los fisiócratas no pudieron realizar un análisis de las circunstancias que hacen posible la creación de un excedente tan penetrante como hubieran podido hacerlo en otro caso.” (132)
“El análisis de la circulación del produit net entre las diferentes clases sociales es la parte más espectacular de la doctrina fisiocrática.” (133)
“Los pensadores más penetrantes de la época reconocieron inmediatamente el genio que había inspirado el Tableu economique de Quesnay” (133)
“Aunque el Tableu (estructura social predeterminada) opera con cantidades de dinero y con compras y ventas, en realidad no se ocupa del proceso de cambio. Su esencia, por detrás de la forma monetaria, la circulación en especie; y su interés principal se centra en la distribución y reproducción de los valores de uso del produit net.” (135)

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