miércoles, 9 de noviembre de 2011

EL PLAN DE OPERACIONES DE MORENO


El “Plan” de Operaciones atribuido a Mariano Moreno ha sido tema de preferente atención por parte de los investigadores de historia desde hace muchos años.
Levene considera que este documento ha sido fraguado por parte de los enemigos de la Revolución de Mayo.
Andrés Álvarez de Toledo ha sido el realizador de una de las copias del “Plan”, muy probablemente la copia matriz. Dicho autor material fue espía de la causa contrarrevolucionaria, elevado a la jerarquía de personaje oficial en la corte de Fernando VII en 1814; hace presumir que la suya no era una simple copia. También se ha esclarecido la connivencia entre Álvarez de Toledo y el comandante José María Salazar, adversarios de la Revolución de Mayo y utilizados por la princesa Carlota Joaquina para el logro de sus objetivos políticos.
Conforme Levene, los patriotas ignoraban en absoluto ese “Plan”, de procedencia extranjera, atribuido a Moreno para desacreditar moralmente la revolución y obtener de la metrópoli el pronto envío de fuerzas para reprimirla.
El Plano qe manifiesta... fue publicado íntegramente en 1896 por el doctor Norberto Piñero, en Escritos de Mariano Moreno, utilizando una copia existente en el Archivo de Indias de Sevilla. Pablo Groussac hizo la crítica de la edición, afirmando que era apócrifa y de redacción posterior al 30 de agosto de 1810.
En su mayoría, los escritores e historiadores habían adherido a la convicción de que el Plano qe manifiesta...  era de Mariano Moreno.
De acuerdo a investigaciones de Levene siguiendo los procedimientos de la crítica histórica – externa o de autenticidad e interna o de sinceridad - imponen la   conclusión de que se trata de un documento apócrifo. No se cuenta con el documento original y sus copias están sin autenticar. Tampoco existen los originales de otras importantes piezas que habrían integrado el expediente. La supuesta “licencia “ que se le habría otorgado a Moreno desde el 18 de julio al 30 de agosto, para la redacción del Plan se contrapone con significativos documentos redactados por el secretario de la Junta, tanto en el orden administrativo como en sus colaboraciones periodísticas en la Gaceta.
El primero en publicar fragmentos del “Plan” fue el historiador realista Mariano Torrente, diciendo estas palabras: “La casualidad ha hecho llegar a mis manos el informe secreto que...Moreno, dio a la Junta de Buenos Aires en 1810 sobre los medios de arraigar su revolución”. Agrega que “se estremece el alma al considerar los atroces y bárbaros atentados de que es capaz una cabeza excéntrica, exaltada por el estúpido ídolo del republicanismo”.
A continuación transcribe los fragmentos del “Plan” en que se atribuye a la Junta los propósitos más siniestros. Así los referentes a la necesidad de “cortar cabezas, verter sangre y sacrificar a toda costa, aunque este proceder nos aproxime a las costumbres de los antropófagos y  caribes”; a que “todos los verdaderos patriotas cuya conducta sea satisfactoria y tengan ya dadas pruebas relevantes, si en algo delinquiesen que no fuese contra el sistema, debe tenerse siempre con estos una consideración y extremada bondad”; a que con los descontentos debía observarse “una conducta cruel y sanguinaria”; y que serían decapitados cuantos funcionarios realistas cayeran en sus manos; y que todos los bienes raíces de los que habían seguido el partido contrario serían secuestrados a favor del erario público, como también los bienes de los españoles que no habían abrazado abiertamente la causa revolucionaria.
  Mientras los enemigos de la revolución utilizaban el documento para sus fines políticos, los hombres de Mayo no han hecho alusión alguna a él porque lo ignoraban.
A fines de 1810, en seguida de la renuncia de Moreno, los miembros de la Junta Grande lo sindicaron como culpable del sistema de rigor aplicado a los cabecillas de la conspiración  de Córdoba y Alto Perú, y no mencionan el  “Plan”. Saavedra hizo duras apreciaciones acerca de Moreno en carta íntima a Chiclana, pero no lo recuerda como autor de este documento. Refiere expresamente a la “Instrucción” de este último a sus sucesor en Salta, que también era de carácter reservado y en ningún momento al supuesto “Plan”.
La diferencia de Saavedra con Moreno era “el sistema robesperriano”, adoptado únicamente para la ejecución de los jefes contrarrevolucionarios de Cabeza de Tigre y de Potosí – órdenes de ejecución, sin embargo, firmada por todos los miembros de la Junta, y que tal vez se pretendió extender a otros casos; en cuanto a la imitación de la Revolución Francesa “que se intentaba tener como modelo” se refería Saavedra a la reedición de El Contrato Social  de Rousseau, El Rousseau de Moreno es de la concepción política de la “voluntad general” o de la soberanía del pueblo, y las ideas educativas o espirituales que eran su consecuencia, obra de la que dijo Tomás Manuel de Anchorena, que podía servir “para disolver los pueblos y formar de ellos grandes conjuntos de locos furiosos y de bribones”.
Éstas y otras más eran las diferencias entre Saavedra y Moreno y no el “Plan”.
Demostrada la apocrificidad del “Plan”, es fácil poner en evidencia sus enormidades a la luz de la crítica interna.
La finalidad del o los autores ha sido de carácter político. Los contrarrevolucionarios necesitaban para aplastar el movimiento de 1810 un gran concurso militar y una eficiente dirección política del Consejo de Regencia y del gobierno del Brasil en Río, especialmente de la princesa Carlota.
El Plan es apócrifo, aunque desarrolla en él la tesis de la independencia y la organización republicana que sustentaban los hombres de Mayo.
Moreno era partidario de la organización republicana de un nuevo Estado independiente, pero considero apócrifo íntegramente el “Plan”, aunque algunos de sus fragmentos coincidan con la tesis tradicional sobre los fines de la Revolución de Mayo.
El “Plan” mandaba “cortar cabezas, verter sangre y sacrificar a toda costa aun cuando tenga semejanza con la costumbre de los antropófagos y caribes”.
El primer gobierno patrio aplicaba medidas de rigor en casos de guerra cuando estaba en peligro la Revolución. El “Plan” distingue tres clases de individuos: los adictos al sistema, con quienes se tendrá consideración extremada; los enemigos declarados y conocidos, para los que se destina una acción “la más cruel y sanguinaria”, “la menor especie debía ser castigada”, “la menor semiprueba de hecho, palabra, etc., contra la causa debe castigarse con pena capital”; y “los silenciosos espectadores que manteniendo una neutralidad son realmente los verdaderos egoístas” a quienes había que hacer vigilar en su conducta.
En una de las prescripciones del “Plan” se registra la siguiente enormidad moral: “a la más mera sospecha denunciada por un patriota contra cualquier individuo de los que presentan un carácter enemigo, debe ser sída y aun debe dársele alguna satisfacción, suponiendo que sea totalmente infundada, por un celo patriótico mal entendido, ya  desterrándolo por algún tiempo o apropiándole otra pena.

El “Plan” no coincide con la realidad de la marcha y carácter de los hechos sucedidos. Descansa en una concepción degradante de la naturaleza humana y es por tanto la negación de toda virtud.
Sobre la conducta gubernativa más conveniente a las opiniones públicas, recomienda, entre otros procedimientos, los siguientes:
1º Tener con los patriotas que cometiesen delitos una consideración extremada;
2º Establecer premios para acciones de los guerreros y adormecer con engaños a aquellos descontentos que nunca faltan
3º Se mandaba fijar edictos en todos los pueblos ofreciendo a los reos con causas abiertas el indulto si se presentasen y empleasen en servicio de la causa. 
4º Protección a los fascinerosos
5º El Plan es negación de toda idea de libertad y justicia
6º Necesidad de conquistar mediante la fuerza territorios extranjeros y repartirse el Brasil. Necesidad de entregar la isla de Martín García a Inglaterra.
Este “Plan” es una mezcla de Maquiavelismo y terrorismo; preconiza una política sin ideas y sin ética.

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